Una hermana mayor es el mejor regalo que la vida te ha dado, ¡por infinitas razones! A continuación, situaciones por las que tu hermana mayor ha hecho que tu vida sea mejor y maravillosa.

  1. ¡Tu superheroína! Era tu defensora en la escuela. Sí, ¿recuerdas el niño que te hacía bulling? Ella les dijo a tus padres quién era el niño imprudente de las bromas pesadas y tu papá llegó a la escuela para resolver el asunto. Además, si algún hijo de los vecinos te quitaba una pelota, ahí estaba tu hermana para quitársela. Aunque luego, te la quitara a ti, ¡ja, ja, ja!
  2. ¿Hermanas o gemelas? De pronto estabas confundida porque tu madre las vestía igual. Por unas horas pensabas que eras tan grande como tu hermana, de la misma edad. ¡Pero no! Simplemente, tu madre tenía ese afán, o poca creatividad o era más fácil divisar entre la multitud el mismo traje, si tu hermana y tú se antojaban de salir corriendo en plena calle o en fiestas populares.
  3. Te enseñó a compartir… a la fuerza. Aunque tenías tu clóset lleno, te las ingeniabas para pedirle algo prestado. Y tu mamá la convencía para que te dejara usar su camisa favorita. Ella peleaba porque no quería que usaras su ropa, pero una vez fueron creciendo la historia fue otra. Luego fue tu hermana mayor la que usó tus vestidos. ¡Sí, y tu favorito! “Tienes que aprender a compartir”, te decía riendo frente a tu madre.
  4. ¿Qué es ser “una mujercita”? Eso lo escuchaste cuando tu hermana creció y tu madre se encerró por horas en el baño con ella para explicarle qué era el periodo menstrual. En aquel momento, ni tu hermana ni tú sabían de qué se trataba. Pero solo recuerda aquella frase: “Ten cuidado, ahora eres una mujercita”. Y tú ansiabas que te lo dijeran a ti también, sin saber las verdaderas consecuencias.
  5. Conociste la reconciliación. Peleaban a gritos, pero pasaban 15 minutos y ya estaban jugando o hablando como si nada hubiera pasado antes. Pudieron haberse dicho “hasta del mal que iban a morir”, pero en segundos se abrazaban y hablaban sobre la nueva novia del chico más sexy del colegio.
  6. Descubriste tu pasión por el diseño de interiores. Tu hermana mayor te motivó a empapelar el cuarto con afiches de tus cantantes favoritos. Tu madre por poco convulsa cuando vio imágenes de aquellos hombres de melenas largas pegados por las paredes de tu cuarto. ¿Tu cómplice? Tu hermana mayor.
  7. Mentiste, porque ella lo hizo primero. ¿Recuerdas cuando dijiste que te ibas a quedar en casa de una amiga para terminar un proyecto y terminaste quedándote con tu novio en un hotel? ¡Qué fuerte! Sí, te inspiraste en la vez que tu hermana se quedó hasta largas horas de la noche con su novio y la regañaron. Luego, volvió a llegar tarde y explicó que estaba estudiando. Entonces, pensaste: “¡Esa es mi coartada!” Decidiste emular la creatividad de tu hermana; imita su mentirita blanca. 😉
  8. Crearon una red de amigas. Las amigas de tu hermana te adoptaron como la mascota del grupo. ¡Las adorabas! Ellas se convirtieron en tu primer grupo para el party.  Luego, creciste y tu hermana se unió al selecto grupo de tus amigas, logrando una poderosa y fabulosa red de amigas.
  9. Dio estatus a tu apellido. Sí, en la escuela tú eras “la hermana de…” y esto te dio estatus. Tu hermana mayor se había encargado de abrirte el camino en el mundo escolar, sentando un precedente.
  10. Reveló cómo son los hombres. “Ni se te ocurra salir con fulano, es un  cerdo. Te lo digo, porque salió con mi mejor amiga”, te dijo acerca de uno de los compañeros de universidad. Y tú, como aplicada hermana menor, le hiciste caso. Y te libró de un dolor de cabeza.
  11. No te oculta la verdad. Aunque te duela, tu hermana siempre te dirá la verdad. “No te queda bien ese pantalón, te saca pollitos”, “no me gusta el recorte, te hace ver mayor”, “él es feíto, pero si te gusta”. Todas estas frases y otras más crudas las recibirás de tu hermana porque te ama. Y no sabe mentir o a veces olvida tener tacto. Es que el amor todo lo puede. Y ella sabe que no te molestarás ;).
  12. Manejaron presupuesto compartido. Tus padres les daban dinero para que salieran a comer, de fiesta o se compraran ropa. Esa parte te fascinaba. Tenían el presupuesto compartido y las dos se ponían de acuerdo en cómo gastarlo. En fin, que aprendiste a manejar el dinero gracias a la responsabilidad (o el derroche de tu hermana mayor).