Las mujeres por lo general son más propensas a sufrir de fatiga y agotamiento. El ser trabajadora, esposa, madre, padre, ama de casa, cónyuge, compañera, voluntaria, amiga, consejera, etc. deja muy poco tiempo para dormir en la noche o descansar. Para muchas mujeres, la fatiga se convierte en un problema crónico que debilita sus vidas en silencio y, finalmente, su salud, conduciendo al envejecimiento prematuro, un sistema inmunitario debilitado y mayor riesgo de enfermedades.

Aunque quizás pueda ser casi imposible evitar todos los roles de mujer, lo que sí puedes hacer es aprender a sobrellevarlo de una manera positiva sin afectar tu salud. Aquí comparto contigo 3 pasos para empezar.

  1. No te compares con nadie

El hecho de que tu amiga, familiar o vecina “parezca” que puede manejar miles de responsabilidades al mismo tiempo no quiere decir que tú también tengas que hacerlo. Cada persona es diferente y nadie sabe lo que la otra está pasando. El compararnos con las demás solo produce más estrés y angustia porque no podemos hacerlo como ellas. En vez de enfocarte en las demás, aprende a priorizar tus responsabilidades. A veces queremos hacerlo todo al mismo tiempo, pero eso es imposible. Acuérdate de que Roma no se construyó en un día y nadie tiene superpoderes. Lleva una lista de tus múltiples compromisos y dales prioridad a los más importantes, haciendo eso primero.

  1. Duerme por lo menos 7 horas diarias

Dale prioridad al dormir. La falta de sueño conduce al agotamiento, fatiga y si no descansas, no vas a poder lidiar con todas las responsabilidades diarias. Establece unos horarios regulares asegurándote de dormir de 7 a 9 horas cada noche. Evita tener aparatos electrónicos como la televisión, el teléfono, la computadora. Procura que tu habitación sea confortable y que sea un sitio para dormir, descansar y no trabajar.

  1. Dedícate tiempo para cuidarte y mimarte

Por estar tan ocupadas con todas las responsabilidades diarias, a veces nos olvidamos de nosotras mismas. Dale prioridad a cuidar de ti ya que si no lo haces, no vas a poder cuidar de los demás. Asegúrate de tomar un descanso diario, aunque sea por 10 minutos. El descansar revitaliza nuestra mente, aumentando la energía. Mejora tu dieta con alimentos saludables y nutritivos y practica un tipo de ejercicio que te guste. Aumenta más las actividades que te hacen sentir feliz y viva (el baile, un buen libro, reunirte con unas buenas amigas) esto por sí suele ayudar a relajarse, reducir el estrés y aumentar la energía.

Mientras practicas los pasos anteriores, sé paciente contigo misma. No esperes un milagro instantáneo. El agotamiento crónico no sucede de la noche a la mañana y no se mejora así tampoco. Empieza a cuidarte y a priorizar tu salud ¡y vas a ver como la energía fluye!