Tus nietos te enseñan muchas cosas cada día. De hecho, hasta te hacen descubrir aspectos de ti mismo que aún no conocías.

Si bien es cierto que el acto de ser madre o ser padre, es algo que nos cambia la vida, el regalo de ser abuelo aporta otro tipo de maravillosa felicidad.

Hay abuelos y abuelas muy jóvenes, y los hay también que ven la llegada de los nietos cuando casi ni lo esperaban, dado que sus hijos han aplazado ese instante hasta el momento más adecuado.

Cada situación es única, pero la mayoría la vive como una etapa excepcional llena de nuevos retos que a todos les hacen crecer, e incluso verse en situaciones que no esperaban.

Por ello, merece la pena que nos detengamos unos instantes en este ciclo de la vida, para analizar todo lo que nos puede aportar.

  1. Hacen que nos replanteemos algunos de los errores cometidos con nuestros hijos

Nadie nace sabiéndolo todo sobre la crianza. En ocasiones, determinadas situaciones personales hacen que criemos a los niños no de la forma que nos hubiera gustado (debido a problemas económicos, o a un trabajo que nos obliga a pasar mucho tiempo fuera de casa). Todo ello hace que los abuelos, en el momento de cuidar o atender a sus nietos, piensen en aquellos errores que pudieron cometer en el pasado, o las carencias que no lograron cubrir. Más que evitar cometer esos errores, con los nietos lo que intentan es, ante todo, aconsejar a los nuevos padres, y esos consejos son, sin duda, todo un apoyo que los progenitores deberían atender o, al menos, tener en cuenta.

  1. El único propósito: ofrecer felicidad

Las reglas, los límites, las advertencias y las posibles sanciones a los malos comportamientos de los niños son dimensiones que deben establecer los padres. Los abuelos educan, pero su responsabilidad no es la misma. Su papel como cuidadores principales quedó en el pasado. Su responsabilidad ahora con los nietos es la de atender y, ante todo, ofrecer felicidad. Los nietos son una nueva entrada a la vida de las personas donde debemos a sacar lo mejor de nosotros mismos y, ante todo, convertirnos en uno de los referentes más queridos de los niños.

  1. El legado que se ofrece a los nietos

Todo lo vivido, todo lo descubierto, todo nuestro pasado con sus triunfos, miedos, aventuras y maravillas vistas son auténticos tesoros que ofrecer a nuestros nietos. Hemos de tener en cuenta que una forma de perdurar para siempre en nuestra familia, y en esos pequeños descendientes que acaban de llegar al mundo, es hacerlos partícipes de nuestras historias, de nuestras emociones. Habla con ellos siempre que puedas, sé un contador de historias y ten una respuesta para cada pregunta. Incentiva, emociona, despierta y déjate iluminar por esas sonrisas sinceras.

  1. Descubres fortalezas que creías perdidas

Cuando crías un hijo algo te cambia por dentro: aprendes a no rendirte, a luchar por esos niños para ofrecerles todo lo mejor. Más tarde, cuando esos niños se convierten en adultos y hacen frente al mundo con soltura y madurez, nos sentimos orgullosos pero, a su vez, tenemos la sensación de que se ha terminado una etapa de nuestra vida. Queda claro que disponemos de nuestras aficiones, de nuestra familia y responsabilidades. Sin embargo, con la llegada de los nietos muchas cosas vuelven a cambiar. Nos “redefinimos” a nosotros mismos: ahora “somos abuelos” y eso nos obliga por una parte a seguir ayudando en todo lo posible a nuestros hijos y, a su vez, a ser una referencia emocional y de atención con nuestros nietos.

La tarea es múltiple, a la vez que emocionante, y nos ofrece nuevas fuerzas y retos que asumimos con optimismo.