La ira es una emoción primaria. Se expresa por medio del resentimiento, furia e irritabilidad. A su vez, es vista como una forma de reacción y respuesta relacionada con la evolución humana que nos permite enfrentar amenazas. Nacemos con ella, junto con capacidad de amor y miedo. Manejar la ira no es sencillo, pero con autoconocimiento, voluntad y compromiso se puede mejorar el vínculo con los demás.

Fomenta el diálogo

Frente a situaciones incómodas, emociones encontradas y dificultad para vincularse, las personas tienden a callar lo que sienten y esperan que las cosas se solucionen. Para que algo suceda, debes trabajar para lograrlo. Cuando algo te irrite, te haga sentir incomodidad o disgusto, puedes hablarlo, antes de que la ira te invada y no puedas evitar pelear.

Meditación

Al meditar la mente alcanza profundos estados de calma y tranquilidad, que pueden ayudar al cuerpo a relajarse y tramitar la ira. La meditación es la condición natural de la conciencia humana, que es capaz de comprender por sí sola el significado de su existencia. Esta percepción es interrumpida por estímulos del mundo externo que captan la atención. La práctica de una rutina de meditación permite que la mente recupere su estado básico primordial.

Alimentación y sueño

El cuerpo necesita una dieta balanceada y descansar. Tanto la falta de nutrientes esenciales como un mal descanso pueden llevar a estados de ira. Un plan de alimentación balanceado debe incluir, a diario: seis porciones de hidratos de carbono complejos, cinco de frutas y verduras, dos de productos lácteos, dos de proteínas y entre quince y veinticinco gramos de grasas o aceites.

Humor

Una buena forma de manejar la ira puede ser el empleo del chiste. En la Edad Media, el bufón era el único autorizado a decir las verdades más crudas al Rey. La clave del humor radica en el uso de metáforas: un recurso lingüístico que se vale de desplazamientos. Es decir, que por medio de un chiste, se pueden decir ciertas cosas que de otro modo serían hirientes. Recuerda que es un recurso delicado, ha de ser empleado oportunamente y en miras de construir en el vínculo.

Autocrítica

Aceptar las limitaciones propias y dificultades permite mejorar el manejo de la ira. Implica mucho trabajo personal, de autocrítica y descubrimiento. Pero, cuando aprendes a reírte de ti mismo, encuentras caminos alternativos para modificar aquello que no te gusta. Recuerda que puedes percibir un defecto como una debilidad, pero al reconocerlo, se transforma en una oportunidad para maximizar tus fortalezas. Las psicoterapias suelen ser exitosas al modificar aspectos de la personalidad que resultan poco adaptativos.