saramago
Cuenta la historia que José Saramago se estaba afeitando un día de 1989 cuando una editorial lo llamó por teléfono. Así recibió la noticia: su manuscrito perdido, Claraboya, había aparecido cuando la editorial hacía una mudanza. Saramago había enviado el manuscrito cuando tenía 31 años y jamás había recibido una respuesta. 40 años después, la editorial lo llamaba, no solo porque habían encontrado Claraboya, sino porque además querían publicarla.

Su viuda y traductora, Pilar del Río, cree que la obra cautivó a la editorial, pero que decidieron no publicarla pues resultaba demasiado polémica para la época. Finalmente, después de tantos años, Claraboya puede ver la luz y deslumbrarnos con la usual magia que el autor le otorgaba a todas sus obras.

Como una pre secuela adelanta los hechos de las películas venideras, Claraboya anticipa a la perfección los que serían los elementos primordiales de la obra de Saramago. Los clásicos personajes, las típicas situaciones cotidianas, sus observaciones llenas de simpleza y de verdad: condimentos que atraviesan toda la obra del escritor portugués y que, ahora sabemos, se presentan en sus novelas desde el comienzo.

Claraboya cuenta la historia de algunos de los habitantes de un vecindario en Lisboa, a mitad del siglo XX. Un retrato nostálgico de la vida cotidiana, con el que cualquier lector se sentirá identificado y encontrará elementos de su propia vida.