SEXO

“No tengo ganas” es una de las frases más escuchadas en los consultorios sexológicos. Todas recuerdan aquellos días en que el deseo aparecía sin esfuerzo. Casi todas las parejas, durante los primeros meses de la relación, suelen estar listas, dispuestas y preparadas para tener sexo… ¡en cualquier momento y lugar! Pero cuando pasa el tiempo, se familiarizan y entonces la espontaneidad y la variedad suelen desaparecer, lo que da lugar al aburrimiento y al sexo rutinario.

¿Por qué nos pasa?

Se cristalizan preocupaciones externas a la pareja: ansiedad, estrés laboral, inseguridad en cuanto al propio atractivo como amante y tantos otros motivos. No es ninguna ciencia: los conflictos emocionales crean tensiones y eso genera efectos adversos para la sexualidad. Y en la medida en que esas tensiones y desacuerdos persistan, el aspecto sexual no va a mejorar por sí solo.

Nuestro deseo sexual es más selectivo que el de los hombres: el deseo sexual masculino se presenta de manera más constante. En las mujeres, en cambio, es mucho más variable y selectivo. Para nosotras, lo interpersonal -o sea, todo lo que pasa fuera de la cama- tiene mucha importancia y puede hacer fracasar o deslucir cualquier escena sexual. Por eso, se tiende a culpabilizar a la mujer, porque la sexualidad masculina parece más simple, porque en general se muestran más deseosos y llegan casi siempre al orgasmo, a diferencia de nosotras. Pero no hay que olvidarse de que la sexualidad se ejerce con el otro, y es con él con quien tenemos que resolverlo.

Los “momentos vitales” de cada uno son distintos: cada miembro de la pareja puede estar pasando algún momento personal que influya -positiva o negativamente- en el interés sexual. Esto es algo que no todos los compañeros entienden. Hay momentos en los que la pareja puede estar “desfasada” y que ambos no sean los amantes perfectos para cada uno.

¿Cómo recuperar el deseo?

La clave principal pasa por asumir la responsabilidad de a dos. Esto los va a ayudar a pensar soluciones y crear el clima de confianza necesario para enfrentarlo. Porque la causa de aburrimiento sexual es la pérdida del romanticismo y la comunicación en la pareja.

El siguiente paso es desterrar culpas -propias o del otro- y rever la situación pensando que se trata de un encuentro entre dos personas en el que ambos aportan lo que saben y también lo que no saben. Entonces, no está mal hacer un nuevo reconocimiento de nuestro cuerpo, tratando de volver a detectar aquellos lugares que nos excitan, para poder comunicárselo a nuestra pareja. Profundizar en la intimidad de la relación, aprendiendo a dar y a recibir placer, es importante para seguir juntos.

Otro aprendizaje es tener conciencia de que cada pareja tiene un estilo sexual propio centrado en la comodidad, el placer y la intimidad de ambos. Se trata de un estilo que va creciendo, expandiéndose y variando, en función de los movimientos -no solo físicos, sino también vitales- que cada uno de los integrantes de la pareja realice. Por eso, esperar que cada encuentro sexual sea espléndido e inolvidable connota expectativas poco realistas. No siempre ambos disfrutan en la misma medida. A veces, es uno de los integrantes el que obtiene más placer y el otro simplemente disfruta de la experiencia de brindárselo.

Y como última clave, siempre cabe recordar una vez más que el orgasmo no es la única medida de satisfacción.

¿Qué haces cuando no tienes ganas? Cuéntanos tu experiencia.