Las enfermedades cardíacas son más comunes en los perros que en los gatos (aunque sus cifras van en aumento), pero las señales que nos dicen “algo no está bien” no son obvias. ¿Cómo darnos cuenta antes de que sea muy tarde? Utilizando tu fabulosa intuición femenina. Recuerda que nadie conoce a tu mascota mejor que tú.

Si notas que:

  • le falta la respiración con frecuencia
  • o la lleva muy acelerada aunque esté tranquilo en casa
  • se cansa a mitad de su paseo diario
  • tiene tos
  • va ganando peso aunque no has cambiado su dieta
  • o lo contrario, deja de comer
  • muestra debilidad
  • cambio de comportamiento

Todas estas son señales de que su corazón no está al 100%. De no recibir tratamiento médico, las mismas escalan a situaciones más peligrosas como desmayos y edemas (retención de líquido en distintas partes del cuerpo, cuando hablamos de problemas del corazón, se le hinchan las patas traseras y el abdomen). En el caso de los mininos, la falta de circulación provoca la formación de coágulos de sangre en las patas traseras, lo que le impide el movimiento causando parálisis.

¿Qué lo provoca? La edad, fallos en su dieta, falta de ejercicio, condiciones como el hipertiroidismo y la diabetes.

Tu trabajo detectivesco será vital para que el veterinario pueda diagnosticar el problema con certeza y recomendar el tratamiento a seguir. Este puede incluir desde medicamentos para regular sus latidos, diuréticos, bloqueadores beta, dietas bajas en sodio, limitar su actividad física hasta cirugía para corregir la válvula que no está funcionando como debe o insertar un marcapaso. La recuperación toma tiempo y requiere de mucha paciencia.

Como dicen nuestros abuelos, “todo a tiempo tiene solución”; el buscar ayuda antes de que se complique todo dará mejores resultados. Tu mascota te ama con todo su corazón, te toca a ti cuidarlo para que esté contigo muchos años.