¿Te has sentido cansado y sin fuerzas en el cuerpo para llegar al final del día? ¿Has tenido esa sensación de letargo en que la mente se vuelve perezosa? ¿O quizás simplemente quieres tener aún más energía? Ten confianza, ¡puedes hacerlo! Los cambios esenciales a veces son los más simples, y en esos pequeños hábitos residen las claves de una vida dicharachera, en donde estás física y mentalmente activo. Aquí aprenderás cómo llenarte de energía desde bien temprano, cuando comienza el día, hasta el momento en que cierras los ojos y te propones dormir. Y lo mejor de todo: cada día que pase te irás sintiendo mejor. ¿Qué esperas? Anímate a seguir estos consejos esenciales para sentirte pleno de energía. Tienes todo por ganar.

Ejercicios matutinos

La mente y el cuerpo están estrechamente unidos. Por eso, comenzar el día con un pensamiento positivo te predispone para una jornada agradable. Abre los ojos y agradece por este nuevo día; está en ti ponerle buena cara y resolver los desafíos que vayan sucediéndose con una sonrisa. A continuación siéntate en una silla y haz el siguiente ejercicio de respiración. Inhala profundamente durante unos segundos, retén la respiración y luego exhala. Quita por completo el aire de tus pulmones, retén otro segundo y luego vuelve a inhalar. Hazlo de cinco a diez minutos; y nunca te fuerces, tan sólo respira de forma natural, intentando llenar todos los recovecos de tu cuerpo con aire puro y fresco. Este ejercicio de respiración profunda masajea los órganos internos y ayuda a relajar el cuerpo y la mente. Finaliza tu rutina matutina con algunos estiramientos. Párate, tómate las manos y estíralas hacia arriba. Luego, con las manos aún tomadas, estírate hacia un costado, permanece unos segundos, y luego estírate hacia el otro. Sólo recuerda: mantén la mente enfocada en la respiración y no pierdas la sonrisa y los pensamientos positivos. De esta manera te llenarás de energía vibrante y activa desde bien temprano.

Una buena digestión

Una alimentación descuidada nos representa un desgaste físico cotidiano y muchas veces también un desgaste emocional. Durante la mañana es un momento en que nuestro ciclo de recuperación producido por el sueño está todavía activo. Por eso, un desayuno liviano, principalmente frutal, es lo ideal. No te excedas con la comida a la mañana ni hagas mezclas de alimentos muy dispares; esto te será de ayuda. Al mediodía es el momento del día en que mayor potencia digestiva tenemos. Por eso, destina este momento para tener la comida más fuerte. Pero no confundas fuerte con descuidada; consume alimentos lo más frescos y naturales posibles. Si comes pollo o carne, acompáñalo con una ensalada de muchos colores. Si comes un cereal, como arroz o quinoa, o unas pastas, procura acompañar el plato con vegetales. Esto facilita la digestión y nutre el cuerpo con las vitaminas que necesitas. Espera de tres a cuatro horas para la merienda, de modo que el cuerpo pueda descansar. Y luego, a la noche, ten una cena liviana. La noche es el momento en que el cuerpo se predispone a relajarse y a recargar su batería, y una comida pesada alterará este ciclo natural e impedirá un reposo adecuado.

Estar físicamente activo

La actividad física es un gran generador de energía, y esto no significa necesariamente hacer un deporte o salir a correr por la mañana. Hay pequeños cambios que producirán grandes resultados en poco tiempo. Acostúmbrate a pensar en activo. Cuando veas una escalera, no subas automáticamente por la escalera mecánica o por el ascensor. Tienes dos piernas; úsalas. Si tu trabajo no está muy lejos, despiértate un rato antes y ve caminando. Si está a mayor distancia, puedes utilizar la bicicleta. Usa menos los transportes públicos y camina más. No es necesario que con tus amigos se encuentren siempre en una casa o en un bar, también pueden charlar mientras caminan, recorriendo el barrio o zonas agradables donde no sueles transitar. Por supuesto, hacer un deporte, ya sea un arte marcial, yoga o simplemente ir al gimnasio, será de ayuda. También salir a correr tanto sea por la mañana como por la noche, cuando vuelves del trabajo. Pero con estos pequeños cambios harás avances energéticos enormes.

Mente positiva

El estrés es un problema conocido por todos. Ir transformando pensamientos usualmente negativos en positivos te recompensará de manera inmediata. Utiliza “check points”, es decir, momentos del día en que haces un registro sobre cómo te sientes, cómo van tus emociones y cómo quisieras estar, cómo quieres que continúe tu día. No esperes el final del día para repasar cómo estás, o quizás esa charla nocturna con un amigo o con tu pareja para descargar tensiones. Aprende a dar vuelta la ecuación. Lo que antes era malo, transfórmalo en bueno. Acepta el presente, con todo lo que sucede en éste, y aprende a controlar tus emociones. Ante una misma situación puedes reaccionar de manera positiva o de manera negativa. Si reacciones de forma positiva, con una sonrisa, aceptando lo que sucede, ahorrarás una inmensa energía que puede estar destinada a causas mejores.

Un sueño reparador

Dormir es de vital importancia. Es aquí donde por excelencia recargas tus energías. Por eso, hazlo de la mejor manera. Muchos hábitos propios de nuestra cultura como estudiar hasta tarde, trabajar después de hora, salir a beber con amigos, no nos permiten hacer un uso adecuado de esta valiosa herramienta energética que es el sueño. Si duermes antes de la medianoche, especialmente alrededor de las diez u once de la noche, tu cuerpo podrá descansar de una forma muy superior. Si antes de dormir mantienes la mente serena y reposada, en lugar de mirar televisión o tener discusiones importantes, tu cuerpo entrará en el sueño de una manera mucho más agradable y eficiente. Si además lo has acompañado con una cena liviana temprana, de modo que la digestión no perturbe tu recarga energética mientras duermes, los beneficios serán considerablemente superiores.