Si bien el dinero en sí no puede “comprar” una pareja, la plata puede afectar una relación al punto de hacerla un éxito o un fracaso. Sería poco inteligente negar que la situación financiera tiene un alto impacto en un matrimonio o en una pareja.

Muchas parejas se juran el amor en el altar “en la riqueza y en la pobreza”, pero con el paso del tiempo no pueden mantener la promesa porque el dinero se convierte en un problema para ambos.

Un estudio de la Universidad de Utah muestra cómo las parejas que pelean por dinero al menos una vez por semana tienen un 30 por ciento más chances de terminar en divorcio. Cuando las peleas son diarias, los riesgos de divorcio aumentan más del 120 por ciento.

El gran problema de las parejas termina siendo el tercero en discordia: el dinero, y más bien, la escasez de este.

Al contrario, cuando el dinero no es un problema, cuando el dinero abunda o al menos no falta, la pareja puede centrarse en otras cosas y no pelear por la forma en la que se gasta el dinero o en cómo salir de una deuda.

Pero aun así, las parejas fracasan. Aun con dinero, mansiones, carros de lujo, anillos de diamantes y vacaciones en los lugares más exóticos, el amor muchas veces se termina y peor aún, en muchas ocasiones pasan de amarse a pelearse en los tribunales por sus millones.

El amor y las deudas

Por estos días, saber sobre la situación financiera de la pareja es importante, porque si bien el amor no depende del dinero o las cosas materiales, no se puede vivir del amor, y hay que entender que la situación financiera de la persona con la que nos vamos a casar tendrá impacto en nuestras vidas, queramos o no.

Si tu esposo tiene una deuda por un crédito estudiantil o su casa fue hipotecada por el banco, es probable que ambos miembros de la pareja tengan que lidiar con eso en el futuro cuando intenten comprar una casa o sacar un crédito para un carro o para reparar el jardín.

De hecho, muchas chicas que buscan novio online ponen en sus requisitos que tengan buena situación financiera y en muchos casos, admiten que pueden aceptar tener una cita con un hombre que no sea muy guapo, pero que tenga organización financiera, ahorros y dinero para “invertir” en la relación.

En ese sentido, expertos en psicología explican que el dinero no puede comprar el amor, pero sí hace que aumenten las probabilidades de encontrar el amor. Y cuando el amor finalmente llega, la necesidad del dinero parece pasar a un segundo plano, al menos temporalmente.

El dinero puede mejorar una relación y hacer que el amor dure más, que haya más estabilidad y más respeto y admiración mutua. Pero también puede generar todo lo contrario: celos, peleas, secretos e infidelidades.

En conclusión, el dinero puede ayudar a crear un mejor “ambiente” para el amor, pero no comprarlo. El dinero puede comprar sexo e imagen, pero no hacer que alguien nos ame genuinamente. Y aunque parezca mucho más fácil enamorarse de una persona que tiene dinero para seducir y regalarnos “la luna”, el amor verdadero no nos genera mariposas en el estómago cuando vemos un billete de 100 dólares ni un carro de lujo.