“Buen día”, “gracias”, “por favor”, sonreír, ceder el lugar, pedir permiso, son esas pequeñas palabras y gestos, que alegran el día de quien las recibe y ennoblece a quien las da. Tan sólo se trata de tratarnos con más amabilidad entre todos, considerar  a los demás de la misma manera en que deseamos ser considerados. A nadie le gusta que lo empujen cuando está subiendo al autobús, o que le pidan las cosas de mala manera.

Para que la semilla de la amabilidad germine es necesario sembrarla a tiempo, por eso, hoy te proponemos algunas ideas para enseñar a los niños a ser más amables.

Gestos bondadosos en la calle

  • Cuando ingresas a un comercio, banco o negocio, y una persona también quiere ingresar, cédele el paso o sostenle la puerta.
  • Cede tu lugar a alguien en la fila, y no te impacientes si demoran demasiado en la atención.
  • Cuando termines de usar el carrito del supermercado devuélvelo a su lugar. Esto aliviará la tarea de los trabajadores del supermercado y, al mismo tiempo, evitarás que otros conductores tengan que esquivar los carritos en el estacionamiento.
  • Recoge la basura. En mi caso, por ejemplo, comparto un cesto grande con otros vecinos. De vez en cuando, los perros callejeros trepan a él, rompen las bolsas y desparraman la basura. Con mis vecinos nos turnamos para recogerla y asear el lugar. Esto facilita el trabajo de los recolectores de basura, al mismo tiempo que contribuye al ambiente y embellece el entorno.
  • Planta un árbol. Los árboles son importantes para el mundo en el que vivimos, porque ayudan a controlar el clima, filtran el aire y embellecen el entorno.

Gestos bondadosos para los desconocidos

  • Deja un libro de autoayuda o de inspiración en un banco de la plaza o en el asiento del tren, incluso con una nota para la persona que lo encuentre. El destino hará el resto.

 

  • Cuando conoces a alguien, trata de recordar su nombre y algún dato personal.

 

  • Realiza un comentario positivo en alguna nota que hayas leído en algún blog o página web cuando sientas que te ha aportado algo diferente.

Contagiemos a nuestros hijos y a nuestros seres queridos con el virus de la amabilidad; irradiemos buenas ondas mientras transitamos por la vida. Recuerda, como decía Winston Churchill: “Un pesimista ve la dificultad en cada oportunidad, un optimista ve la oportunidad en cada dificultad”.