Nueva Delhi, 3 feb (EFE).- En el corazón de Delhi y rodeado de parques con siglos de historia se levanta el barrio más “cool” de la capital india, el bohemio Hauzkhas Village, tres calles en las que cada poco surge un nuevo café, galería de arte o tienda de moda.

Locales con música jazz y antigüedades de coleccionista, pizza italiana, mojitos al ritmo de sonidos electrónicos o delicioso pan francés comparten espacio con sugerentes obras de artistas indios, carteles de Bollywood o saris y “kurtas” de último diseño.

Todo ello junto a pedazos de realismo de una potencia emergente; cables de colores que se mezclan en enjambres de difícil solución, camionetas cargando y descargando, ropa tendida en cualquier rincón, vendedores ambulantes, la obra de turno o niños semidesnudos.

La existencia de Hauzkhas Village (“aldea del tanque real”) data del siglo XIII, cuando el sultanato islámico que dominaba Delhi creó allí un gran depósito de agua, en torno al que posteriores regímenes erigieron una mezquita, una escuela coránica y un mausoleo.

El enorme depósito es ahora un bonito estanque de agua verde y cisnes que corona un parque con cientos de ciervos y pavos reales, en el que algunos practican yoga por la mañana, y otros juegan al badminton, hacen ejercicios o pasean en familia.

El complejo arquitectónico es un agradable remanso de paz y el referente por excelencia de un pequeño barrio que desde la década de 1980 se ha desarrollado como la meca de las más innovadoras tendencias artísticas y sociales de la capital india.

“Este sitio es lo más cercano en Delhi a algo ‘cool’. Es un lugar relajado, verde y bonito, y pese a que se está comercializando bastante aún no es demasiado turístico”, dice a Efe el joven angloindio Anil Singhera.

“Uno se siente aquí como en Europa, pero a la vez en la India”, subraya, mientras bebe una cerveza y contempla el estanque desde la terraza de un bar-restaurante, que tras pocas semanas en funcionamiento registra lleno casi cada noche.

A poca distancia de Singhera cuida de su bebé la gaditana Inés Barrena, que ha ido a pasar el día a un barrio que ella compara, por su “esencia” y constante ebullición de ideas, con el Born barcelonés y otros con el Monmartre parisino o el Camden londinense.

“Me gusta porque puedo venir con el niño y tiene muchas cafeterías y sitios agradables. Las limitaciones son que la infraestructura está regular, hay mucho tráfico el fin de semana, y como se está poniendo de moda cada vez es más caro”, explica.

Razón no le falta; muchos emprendedores vieron en Hauzkhas Village un filón por su capacidad para atraer a turistas extranjeros e indios de clase media-alta y unos alquileres inicialmente más bajos que en otros puntos de la capital.

Pero los precios inmobiliarios y de los productos que se ofertan se han ido disparando al calor de la consolidación de la marca Hauzkhas Village.

“Hace 25 años esto era una aldea, solo había cabañas, ‘charpais’ (camastros de madera), búfalos y lugareños que fumaban pipa de agua. No había edificios de varias plantas, simplemente siete tiendas”, relata la sexagenaria Kusum Jain.

Jain, que regenta una tienda de antigüedades en la que se puede encontrar desde carteles de películas a fotos, mapas o figurillas, asegura que en los ochenta un alquiler costaba 2.000 rupias (40 dólares) y ahora 50.000 (1.000 dólares). O mucho más.

Eso lo sabe Aren Sanglir, natural del noreste del gigante asiático y residente en Delhi desde hace años, a quien el arrendatario le ha subido después de apenas once meses más de un 20 % el precio mensual del piso sin dar pábulo a la negociación.

“Si vives en Delhi, este es el lugar adecuado. Hauzkhas Village ha eclosionado en los últimos años, han venido muchos diseñadores y ha cambiado radicalmente”, subraya Sanglir.

Entretanto, el barrio disfruta de esta bonanza consolidada que contribuye con cada restaurante, local o galería que arranca a redefinir día a día su maleable identidad.

Igor G. Barbero