La llaman “La Linda”, y su territorio es disputado por la más amplia variedad de paisajes: tupidas selvas, valles, serranías, desiertos desolados. El Valle de Lerma la sostiene al pie de los cerros 20 de Febrero y San Bernardo, dotándola de un territorio fértil. Así es Salta Capital, una conjunción de naturaleza y costumbres; costumbres de una población que conserva cuidadosamente su arquitectura colonial y sus comidas tradicionales.

Paredes blancas, techos rojos, veredas angostas y aljibes actúan como distintivos de la ciudad de Salta, que en su otra cara -la turística-, se alza moderna entre una importante infraestructura de servicios. Hoteles que se adaptan a las preferencias de cada visitante, establecimientos gastronómicos para todos los gustos, casinos, pubs, discotecas; en la capital salteña, lo histórico y lo actual conviven en el presente.

Salta se caracteriza por un itinerario cultural plagado de museos, iglesias, monumentos, antiguas casas de personalidades argentinas, peñas folclóricas; pero la aventura también encuentra en ella un lugar ideal dónde desarrollar vuelos tándem en parapente y deportes de montaña.

Su símbolo máximo, el Tren a las Nubes, combina ambas sensaciones: la contemplación y la adrenalina, llevando a sus pasajeros a través de puentes, viaductos, túneles, curvas y rulos hasta una altura de 4220 metros, que justifica plenamente su nombre. Una experiencia más que sólo puede vivirse en Salta.

Avistajes de flora y fauna, paseos por parques nacionales, admiración de indescriptibles y variados paisajes que contrastan verdes vivos con colores opacos a través de toda su extensión, se suman a los atractivos turísticos de esta apasionante ciudad norteña.