Todos los años la mayoría de las personas se fija cierto número de propósitos, pero muy pocos los cumplen. Ponerse objetivos es bueno, pero escribirlos aumenta la posibilidad de concretarlos.

Escribir te ayuda a concretar tus objetivos

Cuando tienes un conjunto de objetivos por escrito, las metas son más claras. El acto de escribirlos te obliga a definir qué es lo que estás intentando hacer. Mientras los vayas escribiendo serás capaz de determinar si el objetivo es realista. Serás capaz de decidir si es algo que realmente quieres lograr.

Y a medida que escribas, comenzarás a sentir un fuerte deseo por realizarlo. O si no sientes un fuerte deseo por cumplirlo, puedes cambiar esa meta antes de intentar alcanzarla. Si escribes tus propósitos antes de intentar alcanzarlos, te ahorrarás la frustración asociada al haber intentado sin éxito.

Los haces tangibles

Tus objetivos se vuelven reales cuando los escribes. A medida que los escribes empiezas a verlos y sentirlos. Hay algo mágico que sucede cuando pones la pluma en el papel y escribes tus propósitos.

Antes de que los escribas, sólo están en tu cabeza. Son pensamientos que pueden o no llegar a buen término. Son simplemente deseos de las cosas que te gustaría tener o hacer. Pero en el momento en que los escribes, se convierten en objetivos tangibles que puedes imaginarte realizando.

Escribirlos te ayuda a enfocarte 

Las metas escritas te ayudarán a mantenerte enfocada en lo que estás tratando de lograr. Cuando podemos ver el objetivo por escrito, podemos evaluar rápidamente su progreso. Puedes determinar si te estás moviendo en la dirección correcta o si necesitas un reajuste.