Crecer con una mascota como parte de la familia es una experiencia que todo niño debe disfrutar. No solo le enseña desde temprano a sentir compasión hacia otras criaturas; si el niño es parte del desarrollo de la mascota, aprende acciones básicas como alimentarlo y mantenerlo limpio. Pero como toda relación tiene dos lados, la mascota reciproca la atención brindándole la cualidad que más lo ayuda: confianza.

Estudios realizados en Inglaterra y Estados Unidos con niños que conviven con mascotas en casa han demostrado que el perrito se convierte en el confidente favorito del chico cuando éste tiene que desahogarse, sobre todo si está viviendo situaciones difíciles de sobrellevar, como muertes en la familia o divorcios. Ni siquiera los hermanos se llevan el premio. Si te preguntas por qué, aquí te explicamos un poco.

La mascota es su audiencia cautiva, no lo juzga, lo acepta tal y como es. Le transmite la tranquilidad que el niño necesita para poder decir lo que realmente siente. Si le cuenta lo mismo a uno de sus hermanos, los pensamientos son analizados por otra mente con sus propias ideas, llegando a conclusiones que no siempre están a la par con lo que el niño quiere como respuesta. En cambio, el perro o el gatito escuchan y le da cariño. No le ofrece su opinión porque ese no es su papel en la historia, la mascota no entiende las palabras pero como bien sabemos los que vivimos con animalitos en casa, sienten el pesar, reaccionan a los cambios, saben bien cuando algo anda mal.

Y no tenemos que llegar a momentos críticos para entender la relación. El niño tímido que teme socializar con otros chicos cambia su actitud al compartir con su mascota. La facilidad de hacer amigos de la mascota atrae a otros niños a jugar con el chico, ayudando a eliminar el miedo al rechazo y comenzar a hacer amistades. Toda esta hermosa amistad comienza tan pronto adoptas la mascota ideal para tu familia.