Resulta una cosa obvia decir que no todas las personas somos iguales: edad, temperamento, carácter, gustos personales son solamente unos pocos aspectos que nos diferencian. ¡Y mucho! Sin embargo, hay actitudes y situaciones concretas que tiende a agravar las diferencias que existen entre nosotros, los seres humanos. 

Y si convivimos con algunos miembros de nuestra familia que también se “empeñan en ser ellos mismos”, ¡problema en puerta! Aquí analizamos por qué podrías estar llevándote tan mal, como base para hallar algunas soluciones a este problema tan común.

Diferentes comportamientos

La influencia que cada miembro de la familia ha recibido de sus padres implica un cierto comportamiento que muchas veces no concuerda con el de los demás miembros de la familia. Por ejemplo, en una familia el padre podría haber sido criado por una madre muy meticulosa y ordenada mientras que la madre recibió una educación más libre, con menos horarios y poca o ninguna exigencia de ordenar sus pertenencias. ¿El resultado?

El choque entre ambas actitudes hacia la vida. Y si tienen hijos y los padres no han llegado a optar por una educación en común, la disidencia se agravará.

Vivir “con un extraño”

Cuando un hijo o hija vuelve a la casa materna, tanto él como sus padres creen que se conocen. Pero a las pocas semanas descubren que están viviendo “con un extraño”, dado que con el paso del tiempo las personas cambien y sus intereses y hábitos también. ¡Y esto también sucede entre muchos recién casados!

Gustos diferentes

Es muy común, por ejemplo, que a los distintos habitantes de una casa les gusten diversos estilos musicales. Y si todos se empeñan en escuchar su música preferida a todo volumen, ¡zas!, se produce la contienda.

Lo mismo sucede cuando algunos quieren acostarse temprano y los más noctámbulos hacen ruido, conversan en voz alta o escuchan música sin moderar el volumen.

¿Cómo se soluciona todo esto?

El respeto y la tolerancia son las bases para solucionar todo este lío. Ponerse en el lugar del otro, obrar con los demás como nos gustaría que obraran con nosotros nunca falla. Y si estas actitudes no alcanzan (muy probablemente no alcancen…) para que los demás miembros de la familia se moderen y nos dejen vivir en paz en nuestra propia casa, hay que conversar sobre estos temas con urgencia. Todos deben comprometerse a que todo el grupo familiar se manejará dentro de un marco de respeto y tolerancia antes de que sea necesario recurrir a un consultor psicológico o un orientador familiar.

¡Llevarse bien en la familia es esencial para tener una buena calidad de vida!