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De acuerdo con el cantante español Plácido Domingo, practicar música una hora a la semana hará que tus hijos se vuelvan genios. En una reciente entrevista con el diario andaluz Ideal, Domingo explicaba que con poner una hora a la semana de música a los más pequeños, sin explicarles nada, les haremos un gran regalo. El secreto está en saber preparar esa hora semanal. Para ello, el gran tenor hace números: Si se da clases de música a 60 pequeños, argumenta Domingo, a diez les puede gustar, otros veinte pueden profundizar en sus conocimientos musicales y otros diez tocar un instrumento.

Los beneficios de la música

Dicen los expertos que la mejor edad para iniciarse en el estudio musical es a partir de los cinco años. Una investigación pionera elaborada por el Instituto Tecnológico de Zurich (Suiza), y llevada a cabo con niños de seis años a quienes se enseñó a tocar un instrumento durante 15 meses seguidos, demostró que al final del entrenamiento musical todos los menores experimentaron cambios en su anatomía cerebral.

El estudio señala que las áreas utilizadas para procesar la música resultaron ser mayores y más activas, y que las regiones afectadas empezaban a cambiar a los pocos meses de iniciar dicho entrenamiento.

Que el niño escoja su primer instrumento musical

Los niños atraviesan un periodo en el que la melodía y el ruido son un simple efecto sonoro. En este aprendizaje cualquier instrumento de percusión es su favorito, y cualquier elemento es susceptible de ser un tambor. El psicólogo Jean Piaget aseguraba que en este momento el niño tiene delante un objeto de curiosidad por descubrir, pero llega un momento en que si muestra interés por la música querrá ir más allá.

Sin embargo, no se recomienda a los padres imponer este aprendizaje, y se aconseja que sea el propio niño quien escoja el instrumento que quiere aprender a tocar, si bien el piano y la flauta son los dos que menos exigen a los niños de esta edad. Si se decide contratar a un profesor, es esencial que éste tenga experiencia previa con niños muy pequeños, ya que el aprendizaje difiere del de los adultos.

La enseñanza más adecuada a estas edades aprovecha la imaginación y la espontaneidad del menor, en lugar de imponer una disciplina cerrada, con el objetivo de que las clases se conviertan en una sesión de juegos con música y movimiento, no una tarea obligatoria.