En la ciudad de Kruishoutem, en Bélgica, se ubica el exitoso restaurante Hof Van Cleve. Su chef, Peter Goossens, es el más célebre cocinero belga. Con una impronta perfeccionista, Goossens es un fiel seguidor de la típica cocina francesa.

Sabores refinados y armónicos se conjugan es sus platos para complacer a los clientes. El comensal no puede sino reconocer la profesionalidad del chef, su inmensa capacidad organizativa y su creatividad.

La carta cambia con frecuencia y está muy sujeta a la estacionalidad y la fertilidad mental del chef. Los platos estrellas son: Jets d´houblon, los brotes de soja servidos con carne o pescado; las vieiras frias y calientes con foie gras, trufas y salsa de crustáceos; la cigala reforzada por la presencia de anguila ahumada, bocado de la reina (sot l´y-laisse), berenjena y curry; y el lomo de rodaballo de cuatro o cinco kilos que se alza sobre un lecho de espinacas.

Los postres constatan la sapiencia y constancia del patrón. Dos muestras de su refinamiento y equilibrio las tenemos en la naranja con platano, té, coco y marshmallow y en la fruta de la pasión con chocolate amargo, limón verde, jemgibre y piña.

Por lo demás, el surtido de quesos es memorable, la bodega ofrece cuanto se pueda desear y el servicio ralla en la perfección. En fin, un restaurante en consonancia con el modelo Michelín.