La adolescencia es quizás la etapa más difícil de llevar en la crianza de los hijos. Es cuando empiezan a tener una voz propia, cuestionan y aparece una rebeldía propia de una edad que no piensa en límites sino más bien en comerse el mundo.

Según el comunicador mexicano Yordi Rosado, autor del libro “¡Renuncio! Tengo un hijo adolescente, ¡y no sé qué hacer!”, los padres por lo general se sienten confundidos en esta etapa y no saben cómo tratar a sus hijos.

De esa confusión surge el título del libro, que según su autor -quien durante más de 15 años ha dado charlas de motivación para adolescentes-, es la frase que más repiten los padres cuando tienen que lidiar con esos jóvenes enfurruñados, de poco hablar y muy, pero muy críticos con los mayores.

Pero también hay quienes se pasan para el otro lado y buscan a toda costa prácticamente mimetizarse con los hijos para convertirse en uno más de sus amigos.

Rosado cita los casos de los padres que usan la jerga juvenil, se compran la misma ropa y hasta se hacen “amigos” de los amigos de sus hijos.

Esto no hace más que alejarlos porque los chicos tienden a confundirse o avergonzarse por la actitud de sus padres. Al final, dice el autor, por más que sean rebeldes, los adolescentes lo que necesitan es una guía y esa es la labor de los padres.

“Ser amigo de los hijos no funciona. Otra cosa es ser amigable, tener empatía, saber qué les gusta, estar cerca y ser cómplices en algunas cosas, pero de ninguna manera convertirte en otro de sus amigos”, dice el escritor.

Rosado, con mucha razón, afirma que si te conviertes en el amigo de tu hijo pierdes la oportunidad de poner límites y que te respeten.

“Sin límites ellos pierden la brújula más importante que tienen que eres tú y tú, la mejor herramienta que tienes que es tu credibilidad”.

El consejo es que no hay que sentirse mal por no comprender todas “sus cosas”, lo importante es que esos hijos adolescentes tengan padres que les den seguridad, ese es nuestro trabajo.