La decisión de tener un amante o 200 es puramente personal. Si alguien disfruta experimentar el sexo con diferentes personas y lo hace sanamente, es decir, protegiendo su salud física y emocional y resguardando al otro, no habría por qué preocuparse.

El problema radica en que cuando esa persona, que tanto disfruta o necesita tener sexo con una variedad de amantes no se cuida, no usa protección, no toma precauciones, lo que pasa no es para nada placentero: hay transmisión de enfermedades, embarazos no deseados y hasta corazones partidos.

Esta práctica de tener sexo con muchas personas es llamada promiscuidad (en oposición a la monogamia). Para algunas culturas la promiscuidad es un término negativo o despectivo, de manera que la ciencia y los investigadores de la vida sexual moderna intentan evitar este término y reemplazarlo por algo así como personas con numerosos amantes.

Cualquiera que sea la forma en que se defina esa práctica sexual, conlleva ciertos riesgos. Por ejemplo, tener más probabilidades de contagiarte alguna enfermedad de transmisión sexual, de tener un embarazo no planeado y de que, socialmente, te vean con malos ojos (¡¡todavía ocurre!!).

¿Otro de los riesgos de la promiscuidad? Aparentemente quienes tienen muchos amantes (en especial los hombres) tienen más problemas a la hora de procrear.

Los estudiosos ven esto como un “problema de competencia”: cuánto más parejas tienen sexo, más “competencia de esperma” hay y bajan las probabilidades de concebir.

La explicación suena un poco rebuscada, pero el estudio, hecho por la Universidad de Exeter, sugiere que “la promiscuidad podría reducir el éxito de una procreación exitosa, y tener sexo con muchas parejas no sería entonces un buen indicador de éxito, como muchos se imaginan…”

El estudio es uno más en toda la lista de los que se hacen sobre las relaciones sexuales y no es para nada definitivo. Lo que sí advierte es que el número de amantes puede tener un impacto a la hora de tener hijos, si es que está en los planes…