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Es habitual que la primera vez que los niños duermen fuera de casa, sin su familia, ocurra durante las vacaciones de verano. Puede ser en casa de los abuelos o los tíos, en un campamento o en casa de algún amigo para celebrar una fiesta ‘de pijamas’. 

Dependiendo de la familia y de sus costumbres, los niños pueden estar habituados a dormir fuera de casa, con los amigos o los primos. Para muchos niños es algo muy atractivo que les llena de ilusión y que se convierte en una auténtica aventura. Sin embargo, a otros pequeños les provoca angustia y este sentimiento no les permite disfrutar de la experiencia. 

Dormir fuera de casa puede ser beneficioso para el niño o la niña, al reforzar su autonomía e independencia y mostrarle cómo hay que adaptarse a otros horarios, a otras normas o a comidas diferentes de las que se preparan en su casa. 

La primera vez lo mejor es que el pequeño duerma con alguien de absoluta confianza de la familia, para favorecer la sensación de seguridad. Los abuelos o los tíos suelen ser la opción más adecuada, ya que, habitualmente, son quienes más conocen a los pequeños y éstos se sienten muy a gusto en casas que ya han frecuentado y con personas que saben que les quieren. 

Una vez que ya ha experimentado esto, puede dormir en casa de algún amigo. En este caso es importante conocer muy bien a la familia para estar seguros de que nuestro hijo se va a sentir bien y cómodo. 

En todos los casos es importante informar al anfitrión de las costumbres de nuestro hijo. Debe saber si se va a la cama temprano, si le gusta remolonear antes de acostarse, si cena bien o normalmente pone impedimentos a la comida, si duerme de un tirón o suele despertarse por la noche y, por supuesto, si habla en sueños o tiene algún tipo de sonambulismo, para que la familia no se asuste y sepa cómo comportarse en su caso. 

Del mismo modo, debemos conocer las costumbres de la familia anfitriona, por ejemplo, si tiene televisión en la habitación donde va a dormir el niño o si sus costumbres alimenticias son diferentes a las nuestras. 

Contratiempos

Existen diferentes contratiempos que pueden surgir cuando nuestro hijo duerme fuera de casa y que no tienen porqué llevarnos a salir corriendo a su rescate. Lo mejor es mantener la calma antes de tomar una decisión. 

Pipí: Probablemente ni siquiera lo habíamos imaginado pero es más habitual de lo que parece. Algunos niños manifiestan su ansiedad por estar en un entorno diferente y alejado de sus padres con una ‘vuelta atrás’ y se hacen pis. Lo mejor en este caso es restarle importancia al hecho y seguir la noche sin más complicaciones, basta con llevarle un pijama limpio, aunque lo mejor es ponerlo en su mochila previamente con la excusa de que se puede manchar durante la cena. 

Quiere ir a casa: Si el niño insiste en volver a casa, podemos hablar con él por teléfono para que nos explique las razones concretas por las que, tras decidir pasar la noche fuera, ha cambiado de opinión. Lo mejor es conseguir aclarar la situación en esta conversación telefónica, pero si se complica y nuestro hijo se muestra inconsolable, podemos ir a recogerlo y dejar la experiencia de dormir fuera para otra ocasión. Posiblemente aún no esté preparado. 

Problemas: También es habitual que nos llamen para informarnos de que le duele la cabeza, de que se ha caído o de que no quiere cenar o desayunar. Lo mejor es explicar con antelación las costumbres de nuestro hijo para que sepa cuál es su comida favorita, si utilizamos algún tipo de medicina o de pomada para los dolores y los golpes o si tiene alguna alergia. Una vez resuelta la duda, la noche puede seguir con toda normalidad.