Bangkok, 14 feb (EFE).- El teatro épico tailandés, basado en el milenario poema hindú Ramayana, libra una de sus más arduas batallas contra el desinterés de las nuevas generaciones, más entusiasmadas con los efectos especiales del cine y los conciertos de música pop.

Antaño un arte exclusivo de Palacio y más adelante un fenómeno de masas, el teatro clásico siamés ha quedado relegado en las últimas décadas como un negocio poco rentable que atrae a pocos espectadores, incluidos algunos turistas.

“Ahora la mayoría de los jóvenes, y también muchos adultos, prefieren ir al cine o a los conciertos de música pop y solo una minoría se interesa por el teatro clásico”, explica a Efe Trairat Pipatpokkapole, profesor de arte en el colegio Prasarnmit.

Las representaciones del Ramakian, la versión tailandesa del Ramayana, son conocidas como Khon, por las máscaras que llevan algunos de los actores, e incluyen elementos fundamentales en la cultura tailandesa, como la danza, la música o la simbología.

Para preservar este legado, el centro Prasarnmit de Bangkok desarrolla desde hace más de dos décadas un programa extraescolar en el que alumnos de entre 9 y 12 años aprenden las refinadas coreografías o los vistosos ejercicios de este drama musical de raíces hindúes.
“Los actores Khon están muy mal pagados, por lo que no recomiendo que se dediquen a esto, pero como arte y cultura es bueno para su desarrollo mental”, señala Trairat.

El Ramakian, que entró en Tailandia hacia el primer milenio después de Cristo, relata el rapto de la esposa de Rama, encarnación del dios hindú Vishnu, por parte del Thotsakan, el rey de los demonios en la isla de Lanka.

En su aventura para rescatar a su amada, Rama cuenta con la ayuda del héroe simiesco Hanuman, el personaje estrella del Khon por la exhibición de piruetas y saltos que efectúa durante la representación.

La mayoría de los niños están familiarizados con el Ramakian porque lo estudian en libros de texto y lo ven en versiones infantiles de televisión o cuentos, por lo que el centro Prasarnmit es el primero en incluir talleres de Khon para aficionados.

En las clases, los alumnos se colocan las máscaras y ensayan una y otra vez las coreografías de esta epopeya, que incluye batallas entre los ejércitos de monos y gigantes, situaciones humorísticas y escenas de amor.

“Mi personaje es muy difícil de representar porque el traje es muy pesado y tengo que dar brincos y volteretas”, apunta Paran Tantana, un alumno de 12 años que encarna al dios mono.

“Hanuman tiene el pelo blanco, los dientes de diamante y capitanea un ejército de monos que combaten a Rama”, explica el estudiante.

A pesar de que Tailandia es un país de mayoría budista, el Ramakian y otros aspectos de la religión hindú han dejado una profunda impronta en su cultura y creencias religiosas.

Por ejemplo, los monarcas tailandeses adoptaron el título de Rama en honor del personaje del poema épico y otras figuras de la mitología hindú, como los gigantes o el ave mítica Garuda, presiden palacios, templos e incluso el aeropuerto de Bangkok.

Uno de los elementos más importantes del teatro Khon son las elaboradas máscaras que usan los actores que interpretan a Hanuman y a sus guerreros simiescos o a Thotnakan y su ejército de gigantes, también distinguidos por el color de los trajes finamente decorados.

Dos actores, situados junto al escenario, son los encargados de narrar la epopeya y poner voz a los personajes.

Los demás artistas interpretan sus papeles mediante una elaborada danza al ritmo de la música tailandesa con varios instrumentos de percusión, xilófonos y de viento.

La versión actual del Ramakian fue redactado a finales del siglo XVIII y principios del XIX a partir de los textos recuperados tras la invasión y destrucción de la capital del reino de Ayutthaya en 1767 por los birmanos.

Durante siglos se representó en exclusiva para la familia real y oficiales de palacio, pero a finales del siglo XIX se formaron grupos Khon itinerantes que visitaban ciudades y pueblos, donde los esperaban con gran expectación durante las festividades.

La versión original dura seis días, en los que los actores interpretan el Ramakian desde la mañana hasta la noche, aunque también existe una versión resumida y por fragmentos adaptadas a la impaciencia del público moderno.

Gaspar Ruiz-Canela